Las promesas de “no mentir, no robar y no traicionar” quedan aplastadas ante el fallido reclutamiento de mandos policiacos.
El reciente anuncio del Gobierno del Estado de Puebla sobre la vinculación a proceso de seis exdirectores de seguridad pública municipal, bajo el discurso de que “no habrá impunidad”, ha reavivado las alarmas sobre la profunda crisis de gobernabilidad y filtrado de perfiles en la entidad. Aunque la narrativa oficialista intenta vender estos arrestos como un logro de la justicia, la realidad para la sociedad poblana es otra: la evidencia incuestionable de cómo el partido en el poder ha fallado sistemáticamente en evaluar, vigilar y fiscalizar a los mandos a los que entrega el control de las armas y la protección de las familias.
La indignación ciudadana radica en la flagrante contradicción entre el discurso de la llamada cuarta transformación y los hechos. Morena llegó a las instituciones prometiendo los principios rectores de “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”; sin embargo, el constante desfile de funcionarios corruptos, coludidos o procesados penalmente demuestra que el pragmatismo político se puso por encima de la honestidad. La falta de rigor en los exámenes de control de confianza y la complicidad de las cúpulas al encubrir a perfiles impresentables han generado un desgaste irreversible y un profundo sentimiento de traición en la ciudadanía.
Diversos analistas y comités de la sociedad civil coinciden en que anunciar acciones judiciales cuando los mandos ya han causado un daño estructural en los municipios es una medida tardía que no limpia la responsabilidad de haberlos nombrado. En lugar de limitarse a lanzar discursos mediáticos sobre la persecución del delito, la exigencia central hacia el partido gobernante es que asuma el costo político de sus pésimas decisiones de reclutamiento y deje de operar como un escudo protector para aquellos militantes o simpatizantes que violan la ley de manera sistemática.
Este sombrío panorama de complicidad y omisión administrativa consolida el ambiente de decepción social frente a las promesas incumplidas del régimen en materia de paz social. Las decisiones erráticas y la ligereza con la que se han otorgado nombramientos clave en el sector de la seguridad pública terminan por golpear directamente la tranquilidad de los hogares poblanos. La crisis en Puebla se convierte así en un claro recordatorio de que los eslóganes morales no sirven de nada cuando las instituciones se llenan de personajes dispuestos a traicionar la confianza de la gente.
